
Hace más de 100 años que William K. Roentgen descubrió unos rayos que podían atravesar el cuerpo y los objetos a los que denominó rayos X. Pocos meses después de su descubrimiento, los rayos X ya se usaban en muchos países del mundo y no costó mucho darse cuenta de que producían alteraciones en el cuerpo humano, empezando por la piel con lesiones similares a las quemaduras. Fue precisamente ese efecto el que también hizo pensar que los rayos X tenían una capacidad que podría aplicarse para tratar algunas lesiones. Por lo tanto, tras nacer la radiología diagnóstica, nació también la radioterapia, esto es, la posibilidad de curar lesiones con los rayos X.
Hoy ambas aplicaciones son consideradas fundamentales para el diagnóstico (radiografías, TAC) y para el tratamiento de tumores (radioterapia). Sin embargo, ese efecto sobre los tejidos, hoy se sabe que puede ser nocivo, porque induce cambios en el cuerpo humano que pueden dar lugar, a largo plazo, a tumores o también pueden perjudicar al feto durante el embarazo. Por esa razón, los rayos X y todas las demás radiaciones ionizantes, se controlan mediante protocolos, sistemas de detección, barreras (plomo y otros materiales) y leyes que regulan su uso y previenen a la población, tanto a pacientes como a personal que trabaja con ellos. Tal vez sea aquí, en Salut i Força, el lugar donde deba recordar que las radiaciones que producen alteraciones en los tejidos son las llamadas radiaciones ionizantes. Las radiaciones no ionizantes (ondas de radio, microondas, teléfono móvil, magnetismo) no se ha demostrado que produzcan estos efectos y, por lo tanto, no deben de ser consideradas nocivas.
La utilización de los rayos X en la práctica diaria es tan frecuente que muchos han olvidado que los rayos X pueden producir esos efectos. En este sentido, es preciso recordar que el TAC es la técnica de diagnostico que más radiación emite. El aumento de las aplicaciones del TAC hace que autoridades americanas hayan estimado que podrían producirse hasta 2000 cánceres anuales en los Estados Unidos como consecuencia de las exploraciones con TAC realizadas a pacientes años antes, especialmente a niños y jóvenes. ¿Debemos por lo tanto de prescindir del TAC y otras técnicas con rayos X? En absoluto. Lo que debemos hacer es realizarlas solamente cuando el paciente lo necesite y otras técnicas diagnósticas como la resonancia magnética o la ecografía no puedan resolver el problema.
Los radiólogos deben de aplicar este criterio a todos los enfermos a los que se solicita un TAC y los médicos deben de saber que esta prueba, especialmente en niños, jóvenes y mujeres embarazadas solamente se debe de realizar cuando sean absolutamente imprescindibles. El diagnóstico de enfermedades como el cáncer de pulmón, el cáncer de mama, las fracturas, las roturas de aneurismas, las neumonías y muchos más, se basa hoy fundamentalmente en los rayos X. No debemos, por lo tanto, dejar de usarlos, pero sí saber que su abuso puede traer problemas a largo plazo y que los médicos somos responsables de ese uso apropiado. Los radiólogos estamos especialmente preparados para ello y autorizados por ley a usar los rayos X siguiendo unas pautas establecidas y decidiendo en cada situación y en cada paciente su utilización.