
Llega una edad en que el hombre, necesariamente, debe acudir al urólogo, ya sea para tratarse una patología de la urología en general o para hacerse algún tipo de prueba que descarte el temido cáncer de próstata, que tantos hombres sufren hoy en día. Los expertos recomiendan a todos los hombres hacerse una exploración prostática a partir de los cincuenta años, y a partir de los cuarenta a quienes tienen antecedentes familiares de este tipo de tumor. Afortunadamente, siempre que el cáncer esté dentro de la glándula, el pronóstico de curación es alto, entre un setenta y un noventa por ciento de los casos. Pero hay otros tumores que trata la urología que afectan al hombre: vejiga, renal, testicular, de pene... Son sólo algunos ejemplos. Al hombre le cuesta por naturaleza acudir al urólogo. En general, siente rechazo al ser sometido al tacto rectal, exploración básica para que el médico sepa la salud prostática del paciente. En cambio, la mujer va al urólogo con más confianza, sin necesidad de padecer alguna enfermedad. Sobre estos y otros contenidos profundizamos a lo largo de la entrevista con el doctor Eduardo Solsona, jefe de Servicio de Urología del Instituto Valenciano de Oncología.
P.- Dr. Solsona, si le parece bien, empecemos la entrevista tratando patologías de urología general. ¿Qué padecen más los valencianos?
R.- Los valencianos no nos diferenciamos del resto de los españoles en cuanto a patologías urológicas. Las más prevalentes son las infecciones urinarias en la mujer y los padecimientos de la próstata, seguidos de la disfunción eréctil, en el varón. Cabe señalar también los tumores vesicales en ambos sexos, así como, en áreas específicas, la litiasis urinaria.
P.- Por ejemplo, ¿cómo se puede prevenir una infección urinaria?
R.- La infección urinaria es mucho más frecuente en la mujer. Solamente sucede en el varón vinculada a patologías orgánicas: en el adulto, coincidiendo con los trastornos miccionales relacionados con los padecimientos prostáticos; y de forma selectiva en niños con trastornos congénitos del aparato urinario inferior. En la mujer, la prevención es posible, aunque no de forma total, intentando descender la frecuencia de su presentación. Es recomendable mantener unos cuidados higiénicos genitales adecuados, pero no excesivos; una ingesta abundante de agua con una micción relativamente frecuente; no retener la orina más de tres horas; y la ingesta de productos naturales que evitan la adherencia bacteriana. Todas estas son soluciones que, si no son completas, sí que contribuyen a disminuir su frecuencia, y con ello mejorara la calidad de vida de la mujer.
P.- ¿Cuál es el origen de una prostatitis? ¿Cómo se cura? ¿Puede ser crónica?
R.- La prostatitis es una patología frecuente en el varón joven, siendo mayor la de causa no bacteriana y exclusivamente inflamatoria, relacionada con el estrés, a una predisposición individual, a determinados hábitos y a causas no totalmente aclaradas. No es exactamente una patología crónica, pero sí recidivante, que altera de forma notable la calidad de vida del paciente. Su tratamiento es, esencialmente, sintomático, dependiendo de las molestias predominantes y con resultados a largo plazo. Cuando la causa de la prostatitis es bacteriana, al tratamiento sintomático se le asocia el antibacteriano, siguiendo las indicaciones de los cultivos de orina y semen, con pautas a largo plazo.
P.- Hablemos de urología oncológica. El cáncer de próstata es muy habitual en los hombres y el segundo de mayor mortalidad después del de pulmón. ¿A cuántos valencianos afecta en la actualidad?
R.- En España, según las estadísticas, el cáncer de próstata ocupa el tercer lugar en incidencia detrás del cáncer de pulmón y de colon, pero su incidencia es creciente y, probablemente, ya habrá ascendido algún peldaño, como ocurre en Estados Unidos, donde ya ocupa el primer lugar, o en la Unión Europea, donde ocupa el segundo lugar. Por los datos de que disponemos, que no son muchos, en la Comunitat sucede lo mismo: se espera que de un dos a un cuatro por ciento de la población masculina mayor de cincuenta años sufra un cáncer de próstata anual.
P.- ¿Qué tipo de pronóstico tiene el cáncer de próstata hoy en día?
R.- En casos de tumores limitados a la próstata, sin que se haya extendido fuera de ella, el pronóstico es muy bueno, con tasas de curación, a largo plazo, entre el setenta al noventa por ciento. Sin embargo, cuando se extiende fuera de ella, afectando a ganglios linfáticos u otros órganos, es decir, habiendo desarrollado metástasis, las tasas de curación disminuyen notablemente, alcanzando cifras de entre el cero y el treinta por ciento. Afortunadamente, en la actualidad, la mayor parte de los pacientes conocen su diagnóstico en etapas iniciales, con el tumor dentro de la próstata y por lo tanto, en general, la tasa de curación es muy elevada.
P.- ¿Cuáles son las técnicas y los tratamientos actuales? ¿Es la cirugía laparoscópica un gran avance contra el cáncer de próstata?
R.- Dependiendo del momento en que se diagnostique el tratamiento, será uno u otro diferente. Si el cáncer es diagnosticado cuando se halla dentro de la glándula, sin que existan datos de que ya ha salido fuera de ella, las opciones terapéuticas pasan por la cirugía en primer lugar como tratamiento más eficaz, pero, asimismo, la radioterapia proporciona excelentes resultados. Otros tratamientos de los que se disponen, como la crioterapia o el HIFU, todavía los consideramos como experimentales, sin que estén totalmente homologados y solamente indicados en casos seleccionados. Dentro de la cirugía, la laparoscopia constituye una alternativa a la cirugía tradicional, pero a diferencia de lo que representa en otros tipos de cirugía, la laparoscopia no constituye un gran avance, sino solamente una alternativa más, como también lo es la cirugía robótica. En la cirugía del cáncer de próstata no existen, por el momento, grandes diferencias entre los distintos métodos quirúrgicos: abierta, laparoscópica o robótica. Lo importante es la experiencia del cirujano y lo segundo que el cirujano elija el método que sea más adecuado para cada paciente en base a su propia experiencia.
P.- La prostatectomía radical, ¿cuándo se aplica y qué complicaciones supone el postoperatorio?
R.- La prostatectomía se lleva a cabo en tumores que, clínicamente, se localizan dentro de la próstata, o cuando el tumor la rebasa incipientemente. En estos casos, la prostatectomía constituye el primer escalón de un tratamiento múltiple. La prostatectomía radical es un excelente tratamiento, pero requiere de una gran experiencia en este tipo de cirugía, ya que puede comportar dos secuelas importantes una vez superado el postoperatorio, que suele ser bueno y corto. Las complicaciones que más nos preocupan son la incontinencia de orina y la impotencia. La primera, en manos expertas, es infrecuente y no superior al cinco por ciento, ya que las técnicas han evolucionado muy favorablemente en este sentido y, aun cuando ello sucede, la incontinencia no suele ser, en general, severa, pudiendo solucionarse con técnicas quirúrgicas no muy traumáticas. En casos severos, que suelen ser infrecuentes, se puede recurrir a la implantación de un esfínter artificial que resuelve el problema. La impotencia, aunque vamos evolucionando, no la tenemos tan bien resuelta, y más del cincuenta por ciento de los pacientes requieren la ayuda de fármacos para conseguir una erección satisfactoria y, en casos mas severos, la implantación de una prótesis peneana.
P.- ¿Qué relación tienen la próstata y la vejiga?
R.- La próstata forma parte del sistema esfinteriano del cuello vesical, al situarse anatómicamente por debajo de él y participar en el mecanismo de la micción de forma unitaria y sincrónica con el músculo vesical
P.- Durante el tratamiento y la posterior curación de un paciente con cáncer de próstata, ¿verá interrumpida o disminuida su actividad sexual el paciente?
R.- Cualquier tratamiento quirúrgico, radioterápico o farmacológico puede tener, en mayor o en menor medida, un impacto negativo en la función sexual del paciente. Sin embargo, el paciente debe ser conciente de que siempre puede tener una solución, bien con ayuda de fármacos o con prótesis. Ello dependerá del grado de disfunción eréctil, de la respuesta a los fármacos y del interés del paciente por el sexo.
P.- La incontinencia urinaria masculina en general, ¿por qué se produce? ¿Es un primer aviso de que algo falla?
R.- La incontinencia se produce por alteraciones neurológicas que controlan el sistema esfinteriano de la micción, por ejemplo en lesiones de la médula espinal por sección traumática o tumoral, o enfermedades neurológicas que afectan a los núcleos centrales que controlan la micción. Pero, quizás, la causa más conocida y frecuente sea la patología prostática benigna, que en su evolución afecta por obstrucción o irritación o por ambas al cuello vesical y la uretra prostática, lo que hace, a veces, difícil controlar la micción, llevando al escape parcial y a veces total de la orina.
P.- Siguiendo con la próstata, ¿a partir de qué edad recomiendan ustedes, como expertos, realizarse una exploración? ¿En qué consiste esta prueba?
R.- Todavía no disponemos de una evidencia científica de que un programa de diagnóstico precoz es capaz de disminuir la mortalidad por cáncer, que es el requisito básico para aconsejar campañas masivas. No obstante, la creciente evidencia clínica del beneficio del diagnóstico precoz del cáncer de próstata hace que aconsejemos que todos lo varones mayores de cincuenta años acudan al urólogo para ser revisados. Si el varón tiene un antecedente familiar en primera línea, como es el padre, se aconseja llevar a cabo la revisión a partir de los cuarenta años. Actualmente, las cosas están cambiando, pero es prematuro el comentarlo. La revisión consiste en realizar un análisis de sangre que determina el PSA, una molécula muy útil aunque imperfecta, y un tacto rectal para evaluar la próstata. Esta revisión debe realizarse periódicamente, con una frecuencia en función del resultado de las anteriores determinaciones
P.- Al hombre, en general, ¿le cuesta acudir al urólogo? ¿Es una consulta algo tabú?
R.- Sí, al hombre le cuesta acudir más que a la mujer. Una razón es por nuestra forma de ser, con un cierto rechazo a priori a la exploración rectal, pero es mejor asumida una vez llevada a cabo, como demuestra la experiencia diaria en las subsiguientes revisiones. No obstante, se observa un creciente interés por estas revisiones y un menor rechazo.
P.- Permítame, doctor, una salvedad: ¿por qué nos supone tanta molestia al sexo masculino el que nos hagan un tacto rectal?
R.- En principio, cualquier exploración que sea invasiva causa un cierto rechazo. En segundo lugar, en el caso del hombre, culturalmente, no tiene costumbre de acudir al médico sin estar enfermo, mientras que la mujer tiene la experiencia vivida en primera o en segunda persona de acudir al médico sin necesidad de estar enferma, sino para ser controlada por un fenómeno fisiológico, como es el embarazo. Esto crea una cierta cultura de revisión periódica que, después, se extiende a otros órganos de forma más natural.
P.- Con el citado tacto, ¿un especialista qué puede saber inmediatamente? ¿Sabe enseguida el médico cómo tiene la próstata el paciente?
R.- Con un tacto rectal el urólogo detecta un cáncer si el hallazgo es positivo, pero si el tacto rectal es negativo no excluye la posibilidad de tener un cáncer, y de ahí la necesidad del PSA. Por otra parte, el tacto rectal también valora el estado de la próstata bajo el punto de vista de la hipertrofia benigna, proceso común a todo hombre que sobrepasa los 45 o los cincuenta años y que ocasiona los conocidos problemas miccionales, como algunos de los que hemos comentado. Por ello, el tacto rectal nos informa de la posibilidad de un proceso maligno, pero también del proceso benigno y de una situación inflamatoria, como la anteriormente mencionada prostatitis.
P.- Durante un Congreso Nacional de Urología al que asistió en A Coruña se llegó a la conclusión que el cáncer de testículo es el tumor más común en menores de 35 años. ¿A cuántos valencianos afecta?
R.- La frecuencia es muy baja en nuestro entorno, pero no hay datos fiables, tanto en nuestra Comunitat como en el resto de España, para precisar con exactitud. Pero nuestro entorno es de los de menor incidencia en relación al norte de Europa.
P.- ¿La autoexploración es la mejor y única forma de prevenir este tumor?
R.- No conocemos otra forma de prevenirlo. Sí, la autoexploración es la única forma de realizar un diagnóstico precoz. Sin embargo, su consejo se limita solamente a los pacientes que hayan sufrido un tumor de testículo, ya que la incidencia en el resto es tan baja que no es rentable. Cualquier chico debe ser educado en la autoexploración para que, ante cualquier alteración en el testículo, pierda el pudor y acuda al urólogo. Como anécdota, cuando surgieron los casos de Penev y Molina y otros, diagnosticamos más casos de tumor de testículo en los meses siguientes que en el año precedente, y la causa siempre fue la misma: la autoexploración.
P.- ¿Qué pronóstico tiene este tipo de cáncer?
R.- Conocemos deportistas de elite que lo han superado. Es el caso de futbolistas como Lubo Penev, José Molina y Argen Robben, o el ciclista Lance Amstrong. En general, el pronóstico es excelente, incluso en casos diagnosticados con tumores avanzados que se han extendido a ganglios linfáticos o pulmón. Es cierto que el pronóstico es mejor cuando el diagnóstico es realizado en etapas precoces, siendo este hecho importante no solo por el pronóstico, sino porque el tratamiento es más sencillo y menos agresivo para el paciente.
P.- En otro Congreso Nacional, celebrado en Granada, usted recibió el Premio al mejor póster en Congresos Internacionales. Su trabajo confirma que pacientes con carcinoma de pene que no muestran adenopatías palpables inguinales pueden beneficiarse de una intervención quirúrgica agresiva (linfadenectomia –penectomía- inguinal). ¿Es así?
R.- El cáncer de pene es otro cáncer con altas posibilidades de curación con la extirpación del tumor, conservando el órgano en muchas ocasiones, asociado a una linfadenectomía inguinal, que consiste en la extirpación de los ganglios linfáticos del área inguinal, que es el primer escalón de extensión de este tumor. Ello proporcionaría un control precoz de la enfermedad y su curación. El problema es que esta intervención tiene una elevada tasa de complicaciones, y por ello es necesario precisar en qué pacientes vale la pena llevarla a cabo en cuáles no es necesaria para evitar estas complicaciones. Nosotros fuimos pioneros en establecer unos grupos de riesgo a través de factores pronósticos procedentes del estudio patológico del tumor primario.
P.- Dicho estudio fue publicado, además, Dr. Solsona, en The Journal of Urology, que para que nos entendamos es la revista oficial de la Asociación Norteamericana de Urología. Imagino que estará orgulloso por tal difusión. ¿Cómo valora el nivel de la urología valenciana?
R.- Así es. Afortunadamente, nuestro grupo tiene no solamente este sino muchos más trabajos publicados en esta revista y otras internacionales como, asimismo, otros urólogos valencianos. Por supuesto, constituyen una satisfacción estos reconocimientos y nos sentimos orgullos de contribuir a que la urología valenciana en unión de otros colegas sea reconocida a nivel internacional.
P.- Desde 1982, usted es jefe de Servicio de Urología del IVO. ¿Cómo valora esta etapa? ¿Ha avanzado mucho la urología en estas casi dos décadas?
R.- Cuando a veces volvemos la vista atrás aquellos que ya pintamos canas, decimos que hemos estudiado varias carreras diferentes, porque casi no se parece en nada lo que estudiamos en nuestra formación urológica y los conceptos que manejamos ahora. Ello habla de la gran evolución de la urología, que ha sido pionera en muchas disciplinas, pero, de manera fundamental, en los referentes a las nuevas tecnologías. Sí, ha evolucionado de forma impresionante. Probablemente, sea una de la especialidades que mas ha evolucionado.