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La menopausia sigue sus reglas

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La menopausia sigue sus reglas

En la franja de edad de 45 a 65 años, el 30% de las mujeres padece sofocos y el 32%, disfunción sexual femenina

Juan Riera Roca

Explica Juan Luis Alcázar Zambrano, Especialista en Ginecología y Obstetricia, consultor de la Universidad de Navarra, que se entiende por menopausia el cese permanente de la menstruación. La edad promedio a la que este fenómeno ocurre en los países desarrollados es entre los 51 y 52 años.

Para la mujer el cambio supone un golpe. Al hecho de perder la capacidad de procrear que en muchos casos la hace sentirse menos mujer, se unen problemas que van desde el ámbito sexual, al desarrollo de enfermedades antes menos probables, como la osteoporosis o los problemas del corazón.

Según el doctor Alcázar la menopausia se produce debido al cese de la función de los ovarios, cuando se agotan los óvulos. Habrá una disminución de los niveles de estrógenos (un tipo de hormonas), responsable de la aparición de los síntomas que acompañan al hecho de la menopausia.

A corto plazo, los síntomas más característicos son la aparición de sofocos, calor que surge en el pecho y se irradia hacia el cuello y cara y que pueden acompañarse de intensa sudoración. Normalmente vienen a durar unos minutos, aunque pueden ser más prolongados.

Otros síntomas a corto plazo son la sequedad vaginal, la quemazón en los genitales, la frecuencia y urgencia en la micción, y una mayor frecuencia de infecciones urinarias. También, la pérdida de la elasticidad de la piel y los cambios en la textura, el tamaño y la consistencia de las mamas.

Se producen casos de ansiedad, depresión, irritabilidad, pérdida de memoria e insomnio, disminución del apetito sexual, que se puede ver agravado por las molestias producidas en la relación sexual, debido a la sequedad vaginal antes mencionada como un de los primeros síntomas.

A largo plazo, la disminución de estrógenos genera un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, como la hipertensión arterial, infarto de miocardio o accidente cerebro-vascular. Esto se agrava por los cambios en las grasas a nivel de la sangre, con un aumento del colesterol LDL y descenso del HDL.

Otra consecuencia posible de la menopausia es la osteoporosis, la descalcificación del hueso, que suele ser rápida en los 5 años después de ocurrir la menopausia, estabilizándose posteriormente y ralentizándose. El riesgo principal es la fractura ósea, de cadera, fémur, antebrazo y columna.

Sin embargo, el desarrollo de la Medicina ha permitido a los especialistas, como los de Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) que hace poco se reunían en Madrid bajo un lema que debería ser esperanzador: “La menopausia ya no es lo que era”.

El aumento de la esperanza de vida, las mejoras en la salud y el bienestar, y el propio avance social y profesional de la mujer están ayudando a cambiar la percepción negativa que solía tener este término, informan desde la AEEM. En los últimos 80 años la esperanza de vida de las mujeres se ha duplicado.

En 2005 la esperanza de vida de las mujeres se estima en una media de 83 años. Muchos de esos años se pasan en el periodo que comienza con la menopausia que ya no llega en el final de la vida si no cuando la mujer se encuentra en la mayoría de los casos, en plena actividad personal y profesional.

Los grandes avances de la ciencia y la medicina en pro de la mejora de la salud y la calidad de vida han logrado además que la sintomatología asociada a esta etapa de la vida, - ocho millones de mujeres en España-, pueda ser controlada y no afecte al día a día y a la calidad de vida de la mujer.

En palabras del Doctor Rafael Sánchez Borrego, Presidente electo de la AEEM, el mayor conocimiento de la fisiología y los avances científicos dados en este sentido han permitido que hoy en día existan tratamientos hormonales adecuados para la mujer con sintomatología climatérica.

“El seguimiento de un tratamiento personalizado, y con una pauta temporal adecuada a cada caso, asegura la seguridad y eficacia y con ella la salud y el bienestar de la mujer”. No obstante, quedan todavía muchas barreras por romper, sobre todo en el ámbito de lo social.

El profesor Javier Ferrer, presidente de la AEEM, destaca que aún hay problemas: Más del 85% de las mujeres tras la menopausia sufre aún un deterioro en su calidad de vida, el 10-20% de las mujeres adultas españolas padece obesidad y 6 de cada 10 mujeres de más de 70 años son hipertensas.

En la franja de edad de 45 a 65 años, el 30% de las mujeres padece sofocos, el 32% disfunción sexual femenina, el 20- 50% presenta incontinencia urinaria y un 20% padece depresión. Sin embargo, los avances que cada día se realizan en el ámbito de la Medicina son muy halagüeños.

Entre las últimas novedades científicas destacan los avances en los trastornos de la sexualidad femenina tras la menopausia, los últimos datos y estrategias en Terapia Hormonal Sustitutiva, las nuevas iniciativas en el tratamiento en osteoporosis, la relación entre menopausia y depresión.

Volviendo al doctor Juan Luis Alcázar Zambrano, el especialista recuerda que la mayoría de los síntomas de la menopausia están relacionados con un descenso de los niveles en sangre de estrógenos, por lo que la terapia hormonal sustitutiva basada en estrógenos o derivados es una opción.

El especialista aconseja que toda mujer que llegara a la menopausia acudiera a un especialista para evaluar la conveniencia de iniciar una terapia hormonal sustitutiva y ello acompañado de hábitos de vida: abandono del tabaco, la ingesta adecuada de calcio y vitamina D en la dieta.

También, el ejercicio regular y evitar la pérdida de peso excesiva. No todas las pacientes pueden necesitar iniciar una terapia hormonal sustitutiva si se siguen los consejos anteriormente dados, de modo que la reducción de los factores de riesgo es básico para evitar tener que adoptar soluciones.

La terapia hormonal sustitutiva se basa en la toma de estrógenos. Pueden tomarse por vía oral, a través de parches transdérmicos, mediante pomadas cutáneas, «sprays» de absorción transcutánea, o incluso por vía intranasal. Las formas más extendidas es la vía transdérmica (parches) y la vía oral.

Para seguir esta terapia hay realizar una serie de pruebas diagnósticas que descarten enfermedades ginecológicas a nivel general, que puedan contraindicar el uso de la terapia. Se consideran contraindicaciones la existencia de una enfermedad hepática activa y la patología de la vesícula biliar.

También, la historia de trombosis venosa profunda en relación con estrógenos, hemorragia vaginal anormal, sin que se haya llegado a un diagnóstico preciso, historia de haber padecido un cáncer estrógeno- dependiente, como el cáncer de mama o el de endometrio.

“Todas aquellas mujeres a las cuales no se les haya extirpado el útero, además de recibir estrógenos, deben recibir progesterona, ya que tiene un efecto muy importante en la prevención de la aparición de lesiones a nivel del endometrio, fundamentalmente la hiperplasia y el cáncer de endometrio” señala Alcázar Zambrano.

Sin embargo, la Terapia Hormonal Sustitutiva (THS) tiene sus riesgos. Un artículo publicado en el número 360 de The Lancet, señala que la THS puede aumentar ciertos tipos de cáncer, especialmente el de mama, aunque también tienen efecto protector frente a la osteoporosis y enfermedades cardiovasculares.

Un análisis realizado en 20.000 mujeres –sigue explicando el artículo científico– mostró que las pacientes bajo THS presentaban un riesgo relativo mayor de cáncer de mama, embolismo pulmonar e ictus, comparadas con las mujeres del grupo placebo.

En mujeres sanas mayores de cincuenta años podría ser causa de una de estas enfermedades en 6 de cada 1.000 mujeres, y en mujeres mayores de 60 años se elevaría hasta 6,5 por cada 1000. También se vio que la THS tiene un efecto protector frente al cáncer de colon y la fractura de cadera.

Reduce la incidencia en 1,7/1000 de la fractura de cadera. El estudio no reveló diferencias en el riesgo de cáncer endometrial o coronaria, y no se disponen de datos suficientes para valorar la relación entre la THS y la aparición de enfermedades poco comunes, como el cáncer de ovario.

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