En una tierra tradicionalmente ligada al fuego, el riesgo de convertirse en víctima de las llamas alcanza una cota superior a la de otros territorios. La Unidad de Grandes Quemados del Hospital La Fe lleva décadas curando, atendiendo y salvando la vida a personas con quemaduras críticas. Bajo la dirección del jefe de Servicio de Cirugía Plástica y Grandes Quemados, el doctor Julián Safont, este departamento aplica las técnicas más solventes de la medicina moderna en la recuperación de los pacientes. Los excelentes resultados obtenidos por el equipo del doctor Safont ha hecho posible la designación de esta Unidad como centro de referencia nacional en la atención de estos enfermos.
P.- En primer lugar, enhorabuena. La unidad de Grandes Quemados del Hospital La Fe de Valencia ha sido designada como unidad de referencia nacional…
R.- Así es, y me siento muy orgulloso de ello, tanto por mi condición de jefe de Servicio como por ejercer de cirujano en este centro desde hace casi treinta años.
P.- ¿Qué ha supuesto para usted esta designación?
R.- Básicamente, es el reconocimiento al trabajo que desempeñamos en la Unidad, y también una garantía para que, en el futuro, la calidad de nuestras prestaciones siga aumentando, como muy bien afirmó el conseller de Sanitat, Manuel Cervera. Si se puede, debemos buscar la excelencia en la prestación. La conversión como centro de referencia conlleva acceder a determinadas facilidades a la hora de actualizar y adecuar las infraestructuras del centro. Tenga en cuenta que, además de prestar asistencia a los pacientes de la Comunitat Valenciana, Albacete y Eivissa, recibimos también a usuarios del resto de España, tal como se contempla por nuestra consideración de centro de referencia. Desde luego, la responsabilidad que asumimos es mayor que la de antes, pero la afrontamos con gusto.
P.- ¿Cuál es el perfil de paciente que es derivado a la Unidad de Grandes Quemados de La Fe?
R: Como su propio nombre indica, se trata de grandes quemados. Es decir, pacientes remitidos por otros hospitales o por los servicios de prevención, como bomberos y policías, que actúan en grandes catástrofes. No obstante, la vinculación histórica que existe en nuestra Comunitat con el fenómeno del fuego, especialmente en Valencia durante las fallas, hace que tengamos que atender 120 urgencias diarias a causa de accidentes ocurridos por el manejo de petardos. Debo decir que yo mismo soy fallero, pero es necesario imponer un poco de sentido común, ya que el fuego no es ninguna broma. El verano también es una época de ‘overbooking’. En cambio, durante el resto del año, atendemos entre cuatro y seis casos urgentes cada día.
P.- ¿Es cierto que los criterios para acceder a las camas de ingreso son muy restrictivos?
R.- Las unidades de quemados no son unidades hospitalarias provistas de muchas camas. Aquí, en La Fe, hay concretamente siete, que han de destinarse, obligatoriamente, a quemados graves, en situación crítica, con más del 25 por ciento de su cuerpo afectado. Sin embargo, una quemadura del diez por ciento puede ser atendida perfectamente en otra dependencia del hospital. En nuestra unidad solo aceptamos a los pacientes graves.
P.- En cifras, ¿cuántas urgencias al año atiende la Unidad de Grandes Quemados de La Fe y cuántas de ellas suponen ingresos?
R.- Registramos entre 1.800 y dos mil urgencias anuales, pero de ellas solo derivan en ingreso entre 250 y 280. Tenga en cuenta que una buena parte de las actuaciones que acometemos se refieren a pequeñas quemaduras que afectan a personas que, por ejemplo, se han quemado cocinando. En estos casos, se atiende al usuario y se le remite al médico de cabecera.
P.- Los datos de que disponemos revelan que el treinta por ciento de los pacientes de su Unidad requieren, posteriormente, una intervención de cirugía plástica reparadora, siendo necesarias, en la mayoría de los casos, hasta siete operaciones para lograr la recuperación completa del enfermo. ¿Es así?
R.- Alos pacientes que son grandes quemados se les practica, en primer lugar, una intervención quirúrgica para salvarles la vida. De media, un paciente que tiene entre el cincuenta y el sesenta por ciento del cuerpo quemado, permanecerá ingresado entre dos y tres meses, y deberá someterse a entre seis y siete operaciones en la fase aguda. Ese paciente se irá a su casa arrastrando unas determinadas secuelas, concretamente cicatrices, sobre las que se aplicará, posteriormente, cirugía plástica reparadora para tratar de devolverle su aspecto anterior. Tengo que reconocer que casi siempre es imposible una recuperación estética del cien por cien, pero desde luego mejoramos la situación del enfermo. De todas maneras, algunos pacientes deben soportar no siete, sino 27 operaciones, obteniendo pequeños avances cada vez que pasa por el quirófano.
P.- Asegura usted que los pacientes quemados agudos permanecen ingresados entre dos y tres meses. ¿Durante ese tiempo, peligra su vida?
R: Sí. En la Unidad, con arreglo a la magnitud de la quemadura, la extensión, la edad del enfermo y la profundidad, realizamos un pronóstico de mortalidad. Y ese pronóstico se mantiene en vigencia durante veinte o treinta días. Una vez transcurrido un mes desde el ingreso, aunque el enfermo no se halle totalmente curado, ya sabemos, como normal general, si sobrevivirá o no. Lógicamente, no somos adivinos, pero durante el primer mes el peligro de muerte acecha al paciente quemado.
P.- ¿Cuál es el porcentaje de éxito conseguido en la Unidad de Grandes Quemados con las nuevas técnicas disponibles de cobertura cutánea en casos de quemados muy críticos?
R: Existen pacientes con más del 75 por ciento del cuerpo quemado en los que logramos un porcentaje de recuperación que oscila entre el 25 y el treinta por ciento. El resto de los enfermos, desgraciadamente, no puede salvar su vida.
P.- La cirugía en el paciente quemado tiene como objetivos la eliminación del tejido irreversiblemente dañado y la cobertura definitiva de las heridas, un proceso que ha de transcurrir rápidamente para minimizar el riesgo de infección. ¿Es, precisamente, la infección la principal causa de muerte en los quemados?
R.- En efecto, hoy en día la infección es la principal causa de muerte de un quemado. El paciente tiene la piel quemada encima y eso es como una herida infectada. En estas circunstancias, la única alternativa plausible es curar al paciente, porque no sirve de nada limitarse a proporcionarle antibióticos. Si no logramos parar la infección, el enfermo muere por una infección general, llamada septicemia. Así pues, el primer objetivo es limpiar al paciente retirándole la piel quemada. El segundo paso consiste en realizar la cobertura, porque la piel es el órgano más extenso del cuerpo. Sin piel no se puede vivir. Ytodo este trabajo hay que realizarlo con urgencia, porque el foco de infección es muy grande. Aveces, logramos evitar la septicemia, pero el sufrimiento del paciente ha revestido tal magnitud que fallece a causa de una incidencia denominada fracaso multiorgánico.
P.- ¿Es la muerte por quemadura la más dolorosa que existe?
R.- Algunas personas intentan suicidarse rociándose con un producto combustible, pensando, equivocadamente, que el óbito por quemadura se produce de manera instantánea. Desde luego, no es así. Muchas veces, el individuo sobrevive, o bien tarda algún tiempo en morir, a no ser que se someta a una descarga de 200 mil voltios. Sin lugar a dudas, se trata de una muerte muy dolorosa. Todos recordamos imágenes de accidentes, como el que tuvo lugar recientemente en Gavà, en los que las personas siniestradas salen corriendo, despavoridas, mientras su cuerpo se va quemando. Y así permanecen durante algunos minutos, retorciéndose de dolor, hasta que el propio dolor les hace perder el conocimiento.
P.- Los profesionales de su Unidad llevan años trabajando en interesantes proyectos de investigación. Por ejemplo, háblenos de los sustitutos biosintéticos y el cultivo celular autólogo…
R.- Actualmente, estamos inmersos en dos líneas de investigación. Por un lado, en colaboración con el Centro de Banco de Piel de Asturias, desarrollamos la línea del cultivo celular. Alos pacientes de la Unidad de Grandes Quemados les extraemos, cuando acuden a Urgencias, entre dos y tres centímetros de piel sana, y a partir de aquí se realiza un cultivo celular que proporciona entre ocho y diez mil centímetros de piel. Lógicamente, al hablar de piel hay que colocar las correspondientes comillas, porque se trata de una piel elástica, muy fina. Los biólogos y científicos hablan de la capa de queratinocitos, las células de la epidermis. La ventaja de este cultivo es que, al proceder del propio paciente, no existe rechazo y se mantiene indefinidamente. De todas maneras, es una piel de baja calidad que solo sirve para salvar a los quemados, no para ser utilizada en el ámbito de la cirugía reconstructora. Si a un paciente con un ochenta por ciento de la superficie quemada le sacamos dos trocitos de piel y, al cabo de veinte días, nos proporcionan un metro cuadrado de piel, cubrimos al paciente y le salvamos la vida. El efecto de las cicatrices se comprueba posteriormente. En cuanto a la segunda línea de investigación, consiste en proporcionar consistencia a la piel a través de la aplicación de una malla de tejido químico.
P.- Para paliar las secuelas de la quemadura, la medicina moderna recurre a una técnica desarrollada en Australia consistente en el cultivo celular inmediato de piel. ¿Cómo se logra la regeneración y qué nivel de satisfacción se aporta al paciente?
R.- En este caso, se extrae un centímetro de piel de células epiteriales. El objetivo no es hacerlas crecer, sino inyectarlas directamente en la quemadura, de manera que esas células se duplicarán encima de la zona lesionada. Es un efecto teórico que funciona en el cincuenta por ciento de los casos. De todas maneras, supone un importante avance. El injerto dura treinta minutos, pero aún queda camino para que funcione siempre.
P.- Hablemos de uno de los acontecimientos que han marcado la trayectoria de esta Unidad: la tragedia de Los Alfaques, ocurrida en Tarragona en 1978 y que obligó a los profesionales de La Fe a multiplicarse para atender al espectacular número de heridos, la mayoría aquejados de graves quemaduras. Usted aún no trabajaba en el centro, pero ¿qué le han contado?
R: El siniestro tuvo lugar, concretamente, el 11 de julio de 1978, y, según mis compañeros, se vivieron situaciones dramáticas, no solo por la gravedad del suceso, sino porque la tragedia pilló por sorpresa a los médicos, a la policía, a los bomberos… En esa época, todavía no existía ningún servicio de Protección Civil. Así que, de pronto, el médico de plantilla y el residente que permanecían de guardia asistieron, alarmados, a la llegada de un autobús que transportaba a pacientes con el 95 o incluso el cien por cien de su cuerpo quemado. Por los datos que me han transmitido, parecían ‘zombies’ vivos que andaban. La dirección del centro empezó a llamar al personal sanitario que no se hallaba de servicio, pero era verano, y ya comprenderá la dificultad de localizar a los profesionales a las dos y media de la tarde, en pleno julio. Entonces no había móviles, y todo el mundo estaba en la playa. Entre esa hora y las seis de la tarde, La Fe acogió a 83 grandes quemados con una mortalidad del 99,9 por ciento, y se tuvo que luchar a brazo partido por salvar el máximo posible de vidas humanas. Lógicamente, se concedió prioridad a los pacientes con más opciones de recuperación, que eran catorce o quince. El resto fue derivado a otras plantas del hospital, e incluso se tuvo que habilitar el gimnasio como lugar de acogida. Al final, cinco pacientes lograron salvarse. Al día siguiente del siniestro ya se pudo completar la práctica totalidad de la plantilla. Los médicos y todo el personal sanitario renunciaron a sus días libres y a sus vacaciones y redoblaron sus esfuerzos, volcándose en el cuidado y la atención de esa pobre gente.
P.- ¿Y actualmente? Si un siniestro de esta magnitud se repitiera, ¿estaría el Hospital La Fe preparado para afrontar una situación como esa?
R.- Hoy en día, es distinto. Existen los servicios de Protección Civil y los medios y recursos son muy superiores a los de entonces. Por ejemplo, los enfermos no serían trasladados en autobuses, como ocurrió en 1978, sino en ambulancias médicas, y además se les aplicaría un tratamiento previo en la zona del siniestro. De hecho, la atención que reciben durante las primeras horas constituye un factor clave en la recuperación de los quemados.
P.- ¿Con qué infraestructuras cuenta la Unidad de Grandes Quemados del Hospital La Fe?
R: En cuanto a equipamiento específico, disponemos de una bañera especial en la que sumergimos, cada día, o cada dos días, a los grandes quemados para curarlos con anestesia. Los pacientes son elevados mediante unas grúas y, posteriormente, lavados. Por otro lado, la Unidad está provista de una cama en la que los pacientes, por así decirlo, flotan. Su nombre es ‘clinitrón’. Para que lo entiendan los lectores, es como si el paciente volara y, de esta manera, no notara la presión. De esta manera, las quemaduras dejan de dolerle. Al mismo tiempo, con el calor que se desprende, procedemos a secar o humedecer las quemaduras, según convenga.
P.- Finalmente, ¿qué reto profesional le queda por asumir?
R.- Mi máxima ilusión es, ahora mismo, el traslado al nuevo Hospital La Fe. El actual edificio ya tiene sus años y es necesario disponer de una infraestructura hospitalaria más moderna y adaptada a los tiempos actuales. En reuniones con responsables de la Conselleria de Sanitat se nos ha transmitido la consigna de que hagamos saber a la Administración qué medios y recursos necesitamos para que el futuro hospital sea el mejor de España y uno de los más destacados de Europa a nivel de tecnología. El cambio de ubicación supone un reto enorme para todos los profesionales, y en cuanto a mi especialidad, habilitaremos una Unidad de Quemados todavía mejor que la actual.