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Crisis y demagogia

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Crisis y demagogia
Manuel Latorre

Una vez superada la estéril etapa de los debates eufemísticos (desaceleración, menor crecimiento, percepción negativa, situación coyuntural....) ya nadie duda, ni siquiera el Gobierno de Solbes y Zapatero, en calificar la actual situación económica por su nombre: crisis. Pero ahora, cuando pronunciarla ha dejado de ser tabú, es el momento de analizar la realidad para poder encontrar las soluciones adecuadas. Es en el área de la sanidad, especialmente la pública, donde más se está notando la actual crisis económica. Y dentro del conjunto de España es la Comunitat Valenciana una de las regiones que más sufre en sus carnes todas sus consecuencias. Debido a nuestra especial situación por los motivos que ya comentamos en esta misma columna (ser una Comunidad gobernada por un partido distinto al del Gobierno Central, el gran número de turistas y residentes que utilizan nuestra sanidad sin que recibamos las contraprestaciones estipuladas, las generosas concesiones hechas a los inmigrantes en materia sanitaria durante la bonanza económica y que ahora va a ser imposible mantener…) tenemos la urgente necesidad de implantar un plan de choque que nos permita afrontar los próximos años con unas directrices más realistas y ajustadas.

Pero esto habrá que hacerlo sin caer en alarmismos, en precipitaciones, ni en las redes tendidas por la demagogia que inexorablemente se desata siempre que hay un periodo de crisis económica. Aunque sería de desear que partidos y sindicatos se abstuviesen de utilizar la crisis como arma electoral (cabría proponer un gran pacto de Estado a este respecto), la realidad es que tanto unos como otros ya llevan unos cuantos meses haciéndolo. Como siempre ocurre en estos casos, al final seremos los usuarios, empezando por los más desfavorecidos, los que paguemos los platos rotos de este ‘totus revolutum’ de acusaciones cruzadas y de quitarse las responsabilidades de encima. Porque, como casi siempre, la excusa del traspaso de competencias está en boca de todos, como también que el Gobierno central debe compensar a la Generalitat por el gran aumento poblacional que sufrimos y que repercute en materia sanitaria.

Desde la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública se asegura que nuestra autonomía puede y debe mejorar en lo que a calidad de los servicios que ofrece se refiere. En su defensa, la Conselleria de Sanitat asegura, con argumentos encima de la mesa, que la inversión en centros, personal e investigación ha sido la más elevada de los últimos años, y con ello demuestra que las cosas no van por mal camino.

Si tenemos en cuenta las quejas de la Federación de Servicios Públicos de UGT, se extrae su acusación a la Conselleria de Benestar Social, en concreto al Instituto Valenciano de Atención al Discapacitado (IVADIS), de dejar de pagar a los proveedores de los 25 centros que gestiona en toda la Comunitat y que atienden a un total de 1.100 discapacitados, repartidos en residencias y talleres ocupacionales, con el consiguiente deterioro de la calidad del servicio. Según UGT, ha llegado a afectar incluso a la calidad de la alimentación que reciben los internos. Con los números en la mano, tal vez UGT no tenga, ni mucho menos, la razón. De hecho, la Conselleria de Benestar Social afirma que la atención a los discapacitados es su principal prioridad. Tanto es así que desde dicha institución la atención destinada a los discapacitados a nivel presupuestario ha crecido en el IVADIS ni más ni menos que un 75 por ciento. Juzguen ustedes mismos: es cierto que nunca es suficiente en política social, pero no está tan mal pasar de 400.000 euros a 700.000.

Estos dos casos constituyen el mejor ejemplo de lo que los ciudadanos no necesitamos en estos momentos. Un debate de cifras y de buscar un culpable. Gestión en momentos de crisis y todos a una con mucha comprensión, porque toca arremangarse y apretarse el cinturón en época de vacas flacas. Es hora de que administraciones, partidos y sindicatos dejen de utilizar la salud para fines partidistas. Todos ellos, junto con los profesionales y usuarios, deben arrimar el hombro y tirar del carro, porque la que se nos viene encima, también en la salud, es de tal magnitud que no es para tomárselo a broma.

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