
La Plataforma para la Investigación en Seguridad Alimentaria, que promueve el Centro Superior de Investigación en Salud Pública (CSISP), ha seleccionado un total de 16 proyectos en este ámbito.
Estos trabajos, para los cuales la Conselleria de Sanitat ha destinado un total de 150.000 euros, se van a realizar en colaboración con universidades, centros de investigación e institutos tecnológicos de la Comunitat Valenciana.
Esta plataforma, que es única en España, fue creada el pasado mes de diciembre y entre sus objetivos destaca establecer prioridades sociales a la investigación en seguridad alimentaria y enfocarla para atender problemas reales.
El conseller de Sanitat, Manuel Cervera, ha señalado que esta plataforma permite crear un soporte científico para unificar la investigación en seguridad alimentaria, así como desarrollar prioridades comunes de investigación y fortalecer la capacidad de I+D+i en seguridad alimentaria de la Comunitat Valenciana.
En este sentido, ha afirmado que “una evaluación eficaz del riesgo alimentario, así como su gestión y comunicación requieren contar con un sólido soporte científico que permita fortalecer las actuaciones para la protección de la salud de los consumidores”.
Contaminantes y desarrollo cerebralAsí pues, uno de los 16 proyectos seleccionados analiza los efectos de los contaminantes de la cadena alimentaria sobre el desarrollo cerebral. Este estudio se lleva a cabo en el Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF) y se desarrolla en el laboratorio de Neurobiología, dirigido por el doctor Vicente Felipo.
En este sentido, el objetivo del proyecto es estudiar los efectos sobre el desarrollo cerebral de agentes neurotóxicos presentes en el medio ambiente y en la cadena alimentaria. En concreto, se investigan los mecanismos por los cuales estos contaminantes afectan al desarrollo cerebral y conducen a un deterioro cognitivo y a alteraciones motoras.
De este modo, el CIPF ha identificado algunos de los mecanismos que dificultan la capacidad de aprendizaje en ratas que han ingerido alimentos contaminados por sustancias tóxicas como metilmercurio o PCBs (bifenilos policlorurados).
La contaminación de los alimentos puede ocurrir como consecuencia de la contaminación ambiental, que puede llegar a la cadena alimentaria a través del aire, del agua y del suelo, como ocurre en el caso de los metales tóxicos, los PCBs y de las dioxinas.
El laboratorio del CIPF ha demostrado que la ingesta de estas sustancias tóxicas afecta al desarrollo cerebral, especialmente al cerebro en desarrollo (más que al cerebro adulto).
Para identificar los mecanismos por los cuales se altera el desarrollo cerebral, el laboratorio de Neurobiología del CIPF ha experimentado con ratas que han ingerido contaminantes presentes en alimentos; y ha identificado cuál es el mecanismo por el que se deterioran algunos tipos de aprendizaje, es decir, ha averiguado qué proceso cerebral es el que se altera y da lugar a un deterioro cognitivo.
La conclusión es que las ratas que han estado expuestas a estas sustancias tienen más problemas de aprendizaje, y los científicos del CIPF han descubierto que se debe a una alteración en la comunicación entre neuronas en el cerebro, es decir, han hallado el paso que está alterado dentro de ese mecanismo de transmisión de señales entre neuronas (neurotransmisión).
A juicio de Vicente Felipo, “éste es un paso importante, porque una vez se conoce el mecanismo que se ha alterado, ya puedes intentar prevenirlo o curarlo”.
Por otra parte, el proyecto también está estudiando los mecanismos por los cuales se altera la actividad motora en modelos animales que han ingerido alimentos contaminados.
Asimismo, también se analiza la exposición a diferentes dosis, para dilucidar qué cantidad es tolerable o no, y a partir de qué niveles tienen efectos nocivos en la salud. “Es importante saber a qué concentración estamos expuestos y cuáles son los niveles máximos que se pueden tolerar sin que se produzcan daños”, ha agregado Felipo.
Otros proyectos
Otros de los proyectos de investigación seleccionados consisten en analizar la posible presencia de mediamentos prohibidos en la carne destinada al consumo; estudiar la persistencia en aire de pesticidas en diferentes zonas de la Comunitat Valenciana; determinar la calidad y seguridad de los aceites de pescado utilizados en la fabricación de piensos para animales, así como el desarrollo de protocolos para el control del material vegetal de uso alimentario (infusiones, condimentos…).